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El roble

El roble.
Empezamos con el árbol más abundante en nuestro pueblo, el Quercus pyrenaica, que es el nombre científico del árbol que  nosotros llamamos roble. En otras partes de España también se le  conoce como melojo, rebollo, roble negro y tozo.  Quercus era el nombre que daban los romanos a los robles, en  especial al roble albar (Quercus robur L.) y a su madera. Llamaban
así también a la encina y por extensión ese término acabó designando a todos los árboles que dan bellotas.

Es un árbol no demasiado alto, que en pocas ocasiones sobrepasa los 20 o 25 m. Tiene una copa amplia e irregular. Es un árbol capaz de rebrotar abundantemente de raíz, por lo que a veces forma extensas manchas arbustivas y se pueden observar árboles rodeados de numerosos retoños. El tronco es en ocasiones derecho, de hecho la mayoría de los nuestros lo son, pero en otras partes es muy irregular. La corteza es cenicienta o pardo-grisácea y de poco
espesor. Está agrietada en los ejemplares más viejos; suele ramificarse en abundancia desde poca altura. Las hojas, al empezar a desarrollarse están cubiertas por ambas caras de una
densa borra formada de pelos estrellados que les dan una tonalidad cenicienta y que se mantienen en la cara inferior, tendiendo con el paso de las semanas a perder esas vellosidades; se mantienen marchitas y sin caer durante gran parte del invierno en los retoños  y ejemplares muy jóvenes, pero habitualmente se caen en los de más edad. Las flores masculinas son pequeñas y están agrupadas en amentos alargados y flojos. Los frutos son unas bellotas que
nacen solitarias o agrupadas por dos o tres; tienen un sabor amargo.

Florece por abril o mayo o a principios de junio; madura y disemina  sus frutos por octubre o noviembre. Como todas las especies del género quercus, se hibrida fácilmente cuando se pone en contacto con otros robles e incluso con encinas, quejigos y alcornoques.  Se cría principalmente en las laderas y faldas de las montañas de suelos silíceos, como los nuestros, y es un árbol muy raro sobre suelos de caliza. Normalmente se da en una altitud que varía de
400 a 1600 m, aunque se pueden encontrar algunos pies a 2100  m, por ejemplo en Sierra Nevada. Soporta las heladas y los ambientes más secos que los otros robles. Suele sustituir
altitudinalmente a los encinares y alcornocales y también en las zonas de solana. También lo hacen con el pino marítimo y, para favorecer al pino, se han destruido en muchas ocasiones los robledales. Se cultiva a veces como planta ornamental.  Habita exclusivamente en el contorno de la región mediterránea occidental es decir, oeste y sudoeste de Francia, Península Ibérica, noroeste de África (Marruecos). En la Península es más o menos  frecuente en el centro y mitad norte, al sur de la Cordillera  Cantábrica, en todas las regiones interiores, sobre todo en las montañas del centro y del noroeste. Hacia el sur y el este , se hace  más escaso al aumentar los terrenos calizos y los climas más secos, pero llega hasta las provincias de Granada, Cádiz y Málaga, por el sur y hasta la Sierra de Prades (Tarragona) por el este. En
Extremadura está presente en el piedemonte de las sierras del  norte de Cáceres. Hacia el sur de la comunidad aparecen bosques de éste roble en las sierras de las Villuercas, Montánchez y Valencia  de Alcántara, en Cáceres y en en la provincia de Badajoz alcanza el límite sur de sus distribución en la Sierra de Tentudía. Las  formaciones más extensas están en las zonas montañosas de la Alta Extremadura y los Montes de Toledo. Más al sur los espacios ocupados por la especie aparecen, distantes entre si y muy deteriorados, en áreas de Sierra Morena. En nuestro pueblo tenemos dos de los mejores robledales de Extremadura: el de la Solana y el que compartimos con Piornal, aunque ambos forman en  realidad una única masa.  El nombre específico de éste roble, Quercus pyrenaica, es muy poco  afortunado, ya que apenas si existe en los Pirineos; se debe a que  se lo puso el botánico alemán Karl Ludwig von Willdenow ( 1765- 1812) basándose tan sólo en unas muestras secas de herbario que le llegaron con una etiqueta que le atribuía ésa procedencia. Se ha empleado también el de Quercus toza, pero permanece el primero por las reglas de nomenclatura botánica.

La madera es de peor calidad que la de Quercus robur y Quercus  petrea y, además, menos aprovechable por que sus troncos son menos gruesos y más irregulares; se utiliza sobre todo para postes, traviesas de ferrocarril y localmente, para sustituir a los robles donde faltan éstos. Ahora se está empleando, con nuevas técnicas,  en la fabricación de toneles para vino. Por su facultad de retoñar de raíz es muy usado también para suministrar leña y carbón de
excelente calidad; la corteza sirve al mismo tiempo como curtiente  y se la prefiere en lugar de la del carvallo y otros robles; sus brotes tiernos son ramoneados por el ganado y las bellotas tienen cierto interés en la montanera. En forma adehesada, es compatible con el desarrollo de excelentes pastizales. Es muy habitual ver en las matas de roble una serie de agallas, que
son la respuesta del roble a las picaduras de una serie de insectos y a la puesta de sus huevos. El roble intenta asilar con ellas el daño producido en el ataque del insecto o del hongo. Éstas agallas tienen un uso comercial, en la industria farmacéutica, así como para la  producción de tinta negra y azul.

 En Barrado, sobre todo entre nuestros mayores, los robles no tienen demasiada buena fama, puesto que consideran que compiten con  el cerezo y otros árboles frutales. Sin embargo el roble, con un  sistema muy potente de raíces, obtiene gran parte de sus nutrientes del suelo profundo, donde no llegan los árboles frutales, convierte ésos nutrientes en hojas y material orgánico que luego, en el otoño se incorporan al suelo enriqueciéndolo de materia
orgánica. Actúa por tanto bombeando nutrientes del suelo y generando suelos productivos. Es decir, no es que los robles se críen en suelos buenos, si no que son ellos quienes transforman
ésos suelos en ricos y profundos. Además, gracias a sus raíces también actúan fijando el terreno y evitando la erosión por la lluvia o el viento.
 

  • Esquema

  • Antiguo Roble de la Solana