
El día amaneció lluvioso y el sol no quiso aparecer hasta entrada la tarde. Eso hizo que la ruta no fuera muy numerosa pero era lluvia fina y no nos desanimó a salir al campo, a disfrutar de los colores amarillos y ocres, a fantasear con las setas rojas solo aptas para gnomos, a soñar con la misteriosa estampa de los robles y castaños envueltos en la niebla.
¡Le pusimos buena cara al buen tiempo!
La ruta duró tres horas: bajamos por los lejíos, llegamos a las viruelas, subimos por...